Artículo publicado en La Guía Magazine, edición Diciembre 2009
Se buscan pecados para llenar una aldea de neón vacía.
Se aceptan gordos, enjutos, talludos y chaparros. De diferentes medidas y concentraciones de malicia. Pecados con bigote, pañal o corbata – en realidad cualquiera valdría.
A Las Vegas la llaman Sin City porque siempre ha sido la ciudad del derroche, la lascivia, la gula y los deseos cumplidos a base de billetera. En Las Vegas hasta que no llegó la crisis económica nunca faltaron pecados ni pecadores.
Gling, gling, gling, gling.
¡Ha ganado usted la fantástica suma de $60 en monedas de cinco centavos!
Pero ahora que la recesión es un ave rapaz que come a sus anchas, en vez de los blues de Rat Pack –el mítico grupo de Sinatra que gobernó Las Vegas y Hollywood en los años 50 y 60-, suenan otras flautas. Ninguna otra ciudad en Estados Unidos ha sido golpeada por la crisis tan drásticamente como Las Vegas, cuyas dos últimas décadas de desarrollo descomedido se han dado un batacazo digno de hospital.
El desempleo ya rondaba el 8% hace un año y la tasa de ejecuciones hipotecarias se disputa uno de los primeros puestos del país. Durante muchos de los meses pasados las sábanas limpias de 141,000 habitaciones de hotel esperaban –en vano- ocupantes noche tras noche.
Los que vendían lencería cerraban el quiosco y los que prometían fortuna se aburrían. Los casinos casi adquirieron el ritmo de las partidas de mus en una residencia de ancianos. Mucho neón sin fuste.
De las cenizas a la ganga
En momentos de apagón, de aprieto y de tragaperras sedientas, nunca ha sido tan fácil llegar a Las Vegas por tan poco dinero. Muchos buscadores de vuelos escupen precios ridículos y el pasar la noche allí se ha convertido en un negocio en el que invertir tan poco como $14 es factible [excluídos los casinos de altos vuelos, obviamente].
Y si la ciudad del pecado ya había empezado años antes a buscarse más caretas que la de las apuestas, los vividores y los maniacos, ha sido a raíz de la crisis económica cuando otras opciones para otro tipo de viajeros se han explotado y afilado.
Se están dando más incentivos al turismo de negocios –la reputación de Las Vegas como ciudad de convenciones y reuniones se vió profundamente dañada con el parón económico- y al turismo de familia. Los frikis de la historia y los deportes al aire libre también están poniendo la mira en Las Vegas, un archivo viviente de músicos y showmen al mismo tiempo que un pedazo minusculo de un estado desértico y capaz de dejar sin habla.
El Strip unplugged
La arteria de Las Vegas, tal como la conocemos en este país de excesos, tiene una longitud de 6.1 kilómetros. Muchos de los hoteles, casinos y resortes más grandes del mundo están a ambos lados de esta calle ancha maquillada de neón de todos los colores. Todos los días de la semana.
Ruletas, rifas, video poker, bingo, kengo. ¡Hagan sus apuestas!
New York New York, el Palacio del César, el Veneciano, Mirage. Esos son algunos de los nombres de los casinos, cápsulas espaciales a un mundo de imitación diferente. La ostentación de los casinos es imponente.
Neón y pecado
Más puertas y más ventanas para los que quieren vacaciones en el paraíso del neon.
Precios asequibles, actividades alternativas, apuestas que juegan a ganarlas todas a la exasperada.
Gling, gling, gling.
Se buscan pecadores.




Había un hombre joven enamorado de Chicago en un rincón de la afable Italia. Era actor. Alto, desgarbado, tenía una mirada inquisitiva que sabía ser una fábrica de risa. Había aprendido español en Jamaica, adonde se fue sin pertenencias y con un contrato con sí mismo.
Una superficie de agua; el lago Michigan, uno de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica. Un bocado; stuffed pizza, una bomba de relojería y una pizza rellena tan gruesa como un pastel. Una colección arquitectónica; rascacielos de renombre que se pueden contemplar en tour desde las tripas de un barco. Un infinito y gélido viento.
escénico y de las historias de los humildes. Cuando añoraba Chicago, perdía la mirada en las nubes. Siempre acababa la escena con un profundo `Mi manca`-me falta, en italiano.
ro. Para muchos el ver a uno de los 700 gorilas de montaña en peligro de extinción es así, un hito borracho de anticipación y el único propósito de un viaje a los confines del mundo.
¨Tiene un espalda plateada, dos machos, tres hembras y cuatro bebés¨, explica Oliver con tono pausado antes de partir. Tiene un diente de oro y ademanes de felino. Es tan capaz de sobrevivir a los caprichos de la selva como los guardianes del Parque de los Volcanes, que se encargan de seguir a los gorilas día y noche para organizar estas visitas y protegerlos de los ataques de cazadores furtivos.
Los primates no en vano comparten más del 97% de nuestros genes; son terriblemente humanos. Los bebés juegan, el espalda plateada engulle tallos de bambú a una velocidad récord y las hembras o buscan sustento o toman el sol, sin perder de vista a los pequeños. Kwita Izina, la ceremonia anual para poner nombre a los nuevos bebés gorilas, tiene lugar cada mes de junio en Ruanda con un gran orgullo nacional. Los gorilas traen dinero. Aproximadamente 10.000 turistas se asoman a las vidas de los gorilas cada año por el nada módico precio de 500 dólares por cabeza. El turismo de primates es de las pocas fuentes de ingreso que los visitantes proporcionan al país tras la debacle humana de 1994, uno de los peores genocidios de la historia. Aunque Ruanda goza de paz hoy en día, la desconfianza aún prima en este pequeñísimo país al que le atribuyen mil colinas o más. El proceso de reconstrucción es según algunos extraordinariamente ágil, pero sea como sea es largo y doloroso. Ruanda es así hogar de grandes preguntas y grandes palabras: reconciliación, imposibilidad, humanidad.


La tarde es tranquila y amarilla; los pasos de la gente vivarachos. Llegan de lejos las notas de un acordeón, mientras en la paletería de la esquina varias familias compran aguas de limón y de mango. En los rostros de los transeúntes de ésta, una de las ciudades tradicionalmente más seguras de México, se ven sonrisas largas y llenas de vida.
diarios de todo el mundo.
internacional, ha sido sensacionalista. ¨Es cierto que los medios fueron útiles para no provocar pánico ni incitar a la desobediencia. Pero al paso de los días, la imposibilidad de tratar la nada se hizo evidente en la reiteración informativa, la multiplicación de las historias victimistas¨, declara Gabriela Warkentin, Directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México.
ello hasta decir basta, caprichoso. A pesar de los estragos de Berlusconi, el reciente desastre natural y la mafia, Italia sigue siendo uno de los países mas atractivos del mundo. Es la cuna del arte, la pierna del Mediterráneo, la madre de la tendencia slow food y la fábrica de la buona vita.

s de piedra caliza con pináculos en la cabeza. Se encuentran en ciudades de nombre pintoresco como Alberobello, Locorotondo o Cisternino, aunque las de Alberobello –más de 1.500- han sido declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
guardianes de las madrasas, y de cómo el mejor té de menta del mundo se sirve en un país que tiene abundancia de observadores forzosos. Contaría también de los feudos y los olores de las curtiderías, de la carencia de bolígrafos, de la picaresca como forma de supervivencia y de la infinitud del color naranja y del desierto.
ir a su nombre una de las mezquitas más grandes del mundo, la de Casablanca. Mohamed se casó con una ingeniera y ha demostrado una vocación innovadora en
Quizá en la seductora nación del Inshallah sea más rentable ser narrador o
la silueta de su garbosa figura, Everglades sin lugar a duda es el pulmón del estado. Florida respira gracias a todo lo que se extiende al sur del interminable y monótono Alligator Alley, ruta en la que muchos se adormecen al volante escuchando country.

que se despliega donde la ciénaga se confunde con el océano.
¨Chicken? Cat? Pepper? Nut?¨ -mismo acento- ¨Welcome to Jordan!¨, exclaman diferentes tenderos. El centro de Amman es sin duda un circo interesante en el que quedar atrapado un viernes alrededor de las cuatro y media de la tarde, exactamente cuando la turba de fieles sale de la mezquita del rey Hussein para enzarzarse en histriónicas compras en los mercados callejeros. Los pollos, los perros, las sandalias de cuero y las ratas buscan entre todas las piernas un hueco por donde abrirse paso entre la multitud. A pesar de que ni los burkas, los montones de verduras o el frenetismo comercial están acostumbrados al extranjero por estos lares urbanos, no faltan las afables bienvenidas.
advirtió sin más el enjuto dueño del hostal lleno de tinajas donde nos hospedábamos en Madaba. Las rocas de la orilla, que aspiran a ser cuchillos, hacen que la abundante concentración de sal duela y queme en las heridas. 










