A Lomos del Desierto de Lawrence
Una cara y una historia: la comunidad beduina de Wadi Rum
Se llama Muhib (en árabe “noble, respetado”) y no conoce más hogar que las arenas rojas del desierto. La luz imberbe asomándose tras las altas formaciones rocosas del intacto y perfecto paisaje desértico le despierta cada mañana antes de que sus camellos a la entrada de Sunset Camp siquiera se agiten por tener que hacer sus necesidades. Jabir (en árabe ¨consolador, comfortador”) es sin lugar a duda su preferido, el que aguanta sus tantos kilogramos disimulados debajo de la estratégica túnica beduina y el que tan bien hace honor a su nombre.
Su padre no habría estado orgulloso de él si hubiera podido observar por un agujerito cómo su principal medio de transporte en el vasto desierto ya no es el fiel animal de lomos dorados, ya a veces más circo que otra cosa, sino el jeep rugidor verde militar de robustas ruedas. Veinte minutos dentro de su panza sustituyen ahora las largas casi seis horas de belleza muerta que se hacían en camello desde Sunset Camp al Centro de Visitantes de Wadi Rum. Muhib no conoce la prisa, sin embargo, pues las monedas provenientes del turismo no llegan a más bolsillos que a los del cabecilla del campamento, Mohammed Sabah Al-Zalabeh, un hombre de ademanes afables y razones calculadoras. En ocasiones Muhib se pregunta si no hizo mal abandonando el nómada pastoreo de cabras tan arraigado en su tradición familiar, pero las curvas y los ojos claros de las visitantes le quitan rápido los pensamientos con sabor a traición. Vive de la seducción de jóvenes damas orondas, su platillo favorito, y en estos avatares Jabir su camello y sus aires de exótico Lawrence de Arabia le son de incalculable ayuda. Las tareas de enseñar las inscripciones talmúdiques y nabateas del s.II aC, los majestuosos puentes rocosos, la montaña Jebel Rum (la más alta de Jordania) y los infinitos escenarios de uno de los desiertos más bellos del mundo se las deja a otros: los bailes descalzos alrededor de la hoguera y los cantos guturales beduinos son su especialidad.
Los amaneceres y atardeceres se suceden así en el corazón de Wadi Rum, en el que el viento juega a traer alucinaciones color bermejo…










