Cómputos y Oídas: Érase Barcelona

Suma y sigue, Barcelona lo tiene. La sorpresa del encontrar todo lo que la leyenda cuenta.

bcn4 Una veintena de años oyendo hablar atropelladamente de Barcelona. Digo atropelladamente porque no hay quien no se atropelle en las ganas de volver a sus ¨europeas¨calles, como gustan llamarlas. Las Ramblas, el Montjuïc, la Barceloneta, el tinte Gaudí…ineludibles citas, aparentemente, y puerta principal de España (hay más extranjeros enamorados de Barcelona por metro cuadrado fuera de nuestras fronteras que número de visitantes que tímidamente elogian Madrid).
Europeísmos a un lado -y aún detestando el dar razón a las masas, por principio y artificio-,

cathedral

merece el fervor. Barcelona es todo lo que la leyenda cuenta, mucho de lo que cabe esperar de un núcleo urbano habitable y un puñado adicional de atractivos azarosos en constante transformación. Es vibrante, joven, artista y de carácter afable. Bulle, y cuenta con las dos grandes ventajas de que no hay tensión que no suavice la brisa marina ni oficio mejor desempeñado que su embellecer cualquier paseo.

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Si pudiera escoger dónde tomar tierra en Barcelona, un ¨kilómetro cero¨desde el que comenzar una ruta, sin duda éste sería la explanada de madera en frente del Mare Nostrum, en el puerto, donde el reclamo de las gaviotas y el perfil de los cables del teleférico ya te leen una grata primera página. Le atusaría el peinado de un vistazo a las hileras de veleros, de camino a la Barceloneta y el Port Olímpic. Amanecería para el bullicio de las Ramblas y sus artistas callejeros. Pasearía toda una mañana por el barrio gótico, echando una rápida ojeada a la catedral y a las bcn3inéditas palmeras en lo alto de algún que otro hotel de una quincena de pisos. Tomaría un café en el Palacio de la Música Catalana y recorrería las hileras de puestos como ya hoy no se fabrican de los mercados de Santa Caterina y la Boquería. Me sentaría un rato a contemplar el paso de las muchedumbres en plaza de Cataluña, y me llevaría un bocadillo para acompañar las vistas y el decorado del parque Güell, para una vez picado el gusHarboranillo no querer más que devorar el resto de Gaudí: La Pedrera, Casa Batlló y la no tan agraciada por las obras Sagrada Familia. Vería atardecer desde Montjuïc, daría una pequeña caminata por Plaza España y tomaría un par de copas por Gracia antes de decidir que si alguna vez tuviera que escoger vivienda en España ésta estaría en Barcelona. Cómputos y evidencias, me sumo a la lista de los que quieren retornar a sus avenidas.

~ by travelandramble on December 3, 2007.

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