Colombia En El Mundo: La recámara de La Marcha Anti-FARC

Javier Forero, Nillered Claros, la familia Muller y Luz Elena González le ponen semblante al terror sembrado por las FARC. Ellos han vivido en carne y hueso el secuestro, las minas anti-persona, las amenazas, el asesinato.

Javier Forero e Ingrid Wilches me saludan afables en mitad de una de las muchedumbres concentradas contra las FARC el 4 de febrero, la de Tampa, USA. Javier va en silla de ruedas porque le falta la pierna izquierda. La perdió trabajando. Como intendente de la Policía Nacional de Colombia se encontraba de misión desmantelando el campamento Teófilo Forero, uno de los grandes laboratorios de narcotráfico en manos de la guerrilla, cuando cayó en una mina anti-persona que le amputó el pie. Selva, artefacto explosivo, llamada al rescate aéreo, helicóptero, inconsciencia, hospital, intervención quirúrgica, traslado a Bogotá. Así, por ese orden, dejando a su paso una pierna entera menos y un joven matrimonio sin sustento. ¨Lo van a sacar de la policía porque no es apto para la reubicación familiar¨, me explica Ingrid con un sosiego digno de admiración, mientras Javier me comenta que la Policía Nacional de Colombia es la única del mundo entrenada para hacer operaciones de alto riesgo para combatir a las FARC y desmantelar campamentos.C2

El hermano de Nillered Claros, actual residente de Sarasota, fue secuestrado por la guerrilla hace cuatro años. Ni un día ha transcurrido sin que ella se pregunte si está vivo o muerto. No tiene noticias de su paradero ni de su supervivencia, pero Nillered no pierde la esperanza de volver a abrazar a José Manuel Gratz, sangre de su sangre y su preocupación constante estos años fuera de Colombia.¨El vivía en Belén de los Andaquiles, en Florencia; hace cuatro años llegaron a su finca y lo secuestraron. Le dieron una paliza delante de su mujer, su mayordomo y el resto de trabajadores de la casa y después se lo llevaron¨, relata Nillered. ¨Le cogieron cuando Belén estaba podrida por las guerrillas, era la época más difícil¨, continúa con la voz entrecortada, ¨nuestros familiares allí nos decían ustedes ni siquiera vengan, hubo una mujer que fue a buscar a su hijo y la mataron, le pusieron una bomba en el carro¨.

Luz Elena González también echa en falta un hermano, con la diferencia de que ella ya sabe al suyo muerto. Lo asesinó la guerrilla en 1996. ¨Él era teniente del ejército e iba a ver a su familia un fin de semana. Les asaltaron en carretera, el trató de evadir el asalto del autobús, sacó su arma y disparó a cuatro, pero el que estaba con el chófer le disparó en la aorta¨, me cuenta Luz Elena. Todos los demás salieron vivos y por supuesto los guerrilleros sin cargos.

La parecida historia de la familia Muller habla de catorce años –que se dice pronto- esperando la liberación de otro secuestro. Trece años son los que el hijo de Francisco Muller Rodner, Walter Muller, y sus nietos, Juan Pablo e Isabella, suman de silencio. No hay noticias de su abuelo. ¨La esperanza yo la verdad ya la perdí, pero mi abuela…mi abuela sí la conserva¨, confiesa Isabella, quien aunque no pudo acudir a la marcha porque tenía clase llevó ese día puesta una de las camisetas que su padre ordenó confeccionar con el rostro de su abuelo.

El hoy, el mañana y lo que está por venir

Nillered vive pegada al teléfono pendiente de unas noticias que nunca llegan. No puede enterrar un cadáver, celebrar un regreso ni llorar una captura. El desaliento, la incertidumbre y el palpante sentimiento de una tropelía humana que le toca vivir por azar –como a tantos y tantos otros en su país- le dejan con un alma vacía entre las manos que no puede sino seguir esperando. Al fin y al cabo, la esperanza es la única que no podrá ser asesinada, la única que queda y que nos une. Un pie de titanio al que todavía adaptarse le ha devuelto un poquito de esta misma ilusión a Javier, quien a pesar de los pesares no pierde la energía ni la mueca risueña. “Ahora con el presidente Uribe las cosas están mejorando…los colombianos somos muy aguantadores”, recalca Luz Elena, para la que la perspectiva de una Colombia mejor tomó forma de seguir adelante con su vida demostrando su animadversión por las FARC.

Cuatro radiografías familiares y un dolor en común: la recámara de la marcha del pasado 4 de febrero. Las ausencias no les quitan el empeño ni el vigor para reclamar una Colombia libre y en paz. Al fin y al cabo, la esperanza no puede ni podrá ser asesinada.

~ by travelandramble on February 7, 2008.

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