La falta del gen del viaje y la curiosidad trotamundos

El post ¨Travel Narrows¨ de Stanley Fish en el blog ¨Think Again¨ del New York Times suscita algunas reflexiones sobre la naturaleza innata del, como podría llamarse, gen viajero.

Aunque les invitaría a leer el post entero, rico en contextualizaciones y seguido de interesantes comentarios de lectores, plasmaré aquí la frase concluyente de Fish:¨Tendre que admitir que nací sin el gen del viaje, lo que probablemente significa que también nací sin el gen de la curiosidad¨.

¿Es acaso la curiosidad por otras culturas, formas de vida y realidades desde una perspectiva global innata? ¿Es el viaje un desasosiego con el que sólo unos pocos nacen? Puede ser una pasión, desde luego, como el placer por el windsurf o el fanatismo por la cata de vinos. Unos lo buscan más que otros, así como unos se exponen más que otros a ciertas actividades que ofrecen recompensas personales a muy diferentes escalas. Muchas pasiones, sin embargo, por no decir todas, requieren trabajo. Horas investigando dónde conseguir cierto vino o días de entrenamiento para conseguir que la vela no se caiga de las manos serían sólo ejemplos livianos del trabajo que requieren los hobbies. El viaje, legítimamente metido en este saco (es una afición extendida), pasa por la incomodidad que describe Fish de enfrentarse a prácticas poco familiares, dormir en camas extrañas y aguantar el fastidio de que no hablen tu idioma.

El viajar como pasatiempo desempeña un rol bien definido: si te gusta, lo haces; si no, obviamente dedicas tu tiempo a otros quehaceres. Es perfectamente legítimo no disfrutar el arte prehistórico ni tener interés por aprender el alfabeto griego. El problema, señor Fish, radica en la atribución de una falta de pasión (que no es innata, sino cultivada, incluso a base de incomodidades que redibujan el concepto de equilibrio personal) a la falta de un gen.

No querer invertir unas vacaciones en coger un avión y salir del continente es, nuevamente, loable. Pero estar en otro continente ya de por sí (por razones laborales, en el caso de Fish), con tiempo libre a tutiplén, y guardarse la curiosidad en el bolsillo debería ser pecado.

Hay excusas para todos los mercados; la configuración genética es una de ellas. Pero hay que desempolvar la curiosidad de vez en cuando, incluso saltando en el lomo de alguna incomodidad que descoloque nuestras ¨bien amuebladas¨creencias. La defensa de la falta del gen del viajero es desvergonzada ignorancia.

~ by travelandramble on August 9, 2008.

2 Responses to “La falta del gen del viaje y la curiosidad trotamundos”

  1. No creo que exista un gen del viajero, de hecho creo que existe (o existía) un gen del “no-viajero”.

    Por naturaleza, o mejor dicho por supervivencia, el ser humano es sedentario, tiene (o tenía) un gen del “no-viajero”.

    Necesitaba conocer el terreno para poder sobrevivir: conocer los tiempos de reproducción de los animales para asegurarse la carne y las pieles; conocer los períodos más fértiles del suelo para lograr una mejor cosecha; conocer el clima y los cambios de estaciones.

    Una vez dominado el entorno, llegó el progreso demográfico, industrial y tecnológico como consecuencias inevitables. Este desarrollo vital anuló el instinto de supervivencia, ya no hay que preocuparse de que un lobo se coma a tu bebé por la noche al entrar en tu campamento. Ahora tan sólo hay que preocuparse de que la isla en la que aterrices tenga conexión a Internet.

    Igual resulta que la curiosidad, como cualidad inexcusable del viajante (que no turista), es el resultado del progreso, del crecimiento demográfico, de la mejora del nivel de vida, del aburrimiento, en definitiva.

  2. Yo no lo llamaría aburrimiento, sino cadena de necesidades cubiertas. Por naturaleza necesitamos ciertas necesidades satisfechas antes de sentir otras motivaciones.
    Necesitamos respirar, comer, beber, sentirnos protegidos (como bien indicas), sentir afecto y pertenencia a grupos sociales, apreciar nuestra propia valía y que otros la reconozcan. Sólo al final, en lo alto de la pirámide de necesidades, se encuentran las ambiciones personales.
    La curiosidad no es estrictamente fruto del aburrimiento, en mi opinión. Simplemente está dormida cuando no sabes si tendrás algo que llevarte a la boca mañana.

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