Un Balcón al Abismo

Artículo publicado en La Guía del Golfo, edición Enero 2009

Al borde de los miradores uno se da cuenta de que los balcones no son, si cabe, tan diferentes de los primeros. Los miradores son invariablemente altos, quizá peligrosos, siempre dedicados al arte de la contemplación. Los balcones son semejantes. Cuelgan de las fachadas con el desparpajo del poder sobre el vecinoarbol-nevado: cuanto más alto mejor, más información. Con sus barandillas de hierro abrazando el ladrillo ofrecen cierta seguridad y afán de propiedad del paisaje.


Es aquí y ahora. Este es el momento justo para partir al oeste: pero sin llegar adonde comienza en la otra costa el clima templado. Existen dos poderosas razones para visitar el Gran Cañón de Arizona en invierno, por muy descabellada que parezca la ocurrencia. Una va de manos de la nieve; la otra de un balcón gigante de cristal en esta época solitario.

Se llama Skywalk y es un proyecto de ingeniería comercializado como ¨el puente de cristal¨: una de las pocas atracciones artificiales del Gran Cañón. Literalmente sobre el vacío, el puente-mirador fue fundado por David Jin con la intención de permitir a los visitantes observar el cañón como lo hacen las águilas. Lleva operativo desde 2007 y desde entonces, a pesar de los 30 dólares de entrada, ha recibido más de 200.000 visitantes.

Esta atalaya operada por la tribu local Hualapai se sitúa a 4.000 pies de altura sobre el río Colorado y resiste el peso de 71 aviones Boeing 747, vientos de más de cien millas y terremotos de magnitud 8.0. El suelo, de 5.5 centímetros de grosor, es transparente. La titánica herradura puede engullir en sus apoteósicas vistas hasta 120 personas, glotonería no satisfecha en invierno cuando no hay tantos forasteros.

skywalk-gcEste menudo detalle hace la aventura del Parque Patrimonio de la Humanidad infinitamente más interesante. Porque las multitudes le dan un descanso al cañón tan pronto como la temperatura desciende, hay menos empellones en sus sendas y menos paz que compartir. Desde 1919 cuando el Congreso de los Estados Unidos estableció el Gran Cañón como Parque Nacional en reconocimiento a su significado geológico, ecológico y cultural, ha sido en invierno cuando los rangers que vigilan el bienestar del parque han visto a más peregrinos sin aliento, y no solamente por el frío.


La apariencia del cañón es mucho más limpia y brillante en esta temporada, cuando tormentas de hielo dan paso con bastante rapidez a días claros. El estado de Arizona, al fin y al cabo y aunque en menor medida que Florida, tiene consideración popular de territorio soleado. Los servicios metereológicos nacionales pronostican sol tres de cada cuatro días. Y con el sol invernal viene el mejor juego de luces y sombras…


De 10 a.m. a 3 p.m., antes de que se cierna la noche, las rocas de la garganta rojiza reflejan una luz caprichosa a medida que se mueven las nubes y las umbrías. La crudeza del invierno promete los mejores amaneceres y atardeceres, aquellos a los que las fotografías no hacen justicia. El escurridizo relieve del cañón, capturado por la lente de la cámara y la mano del hombre, parece raso e inerte.
gc2
Sin embargo, la vida del cañón sigue fuera de las instantáneas. La vegetación en lo profundo de la garganta respira debajo del espeso capote blanco, y los helicópteros, aunque con menor frecuencia, mantienen activas sus rutas turísticas. North Rim (el área alrededor del borde norte del parque) cierra de octubre a mayo, pero la mayoría de los servicios disponibles en South Rim continúan operativos. Éstos incluyen cuando el tiempo lo permite descensos de dos días en mula por el camino Bright Angel, desde Grand Canyon Village –el núcleo urbano donde muchos visitantes se hospedan- hasta Phantom Ranch. Una caminata popular es la que recorre el borde desde Pipe Creek Vista en Desert View Drive hasta Hermits Rest. El mirador sobre el cielo, Skywalk, no está próximo a los Rims y se ubica en una cuenca diferente dentro del cañón. Se puede acceder en vehículo todoterreno privado o en autobús.

Gracias a las propiedades geológicas de una de las maravillas naturales del mundo y a la creación humana de una estructura capaz de ofrecer una vista de pájaro, una excursión al Gran Cañón puede tener el mismo efecto que la sesión más potente de cine IMAX jamás inventada.

La ciencia ficción de los balcones no es de subestimar. Bufanda, belleza diáfana, adrenalina…¿Qué más?

~ by travelandramble on January 1, 2009.

One Response to “Un Balcón al Abismo”

  1. Desde luego que estoy de acuerdo en lo maravilloso que es el Grand Canyon. Tuve la suerte de visitarlo este pasado verano. La visita del cañón desde la Hualapai Reserve merece la pena porque las vistas son muy diferentes que desde el “parque oficial”. Si vais con coche (andando no se puede), te cobran el parking, luego la entrada y después el skywalk aparte, no está incluído en la entrada. De todas formas, las cuatro personas que lo visitamos, nada más ver el Skywalk tuvimos muy claro que no lo queríamos ni pisar, y no precisamente por vértigo, y aunque esté mal decirlo, tampoco por el dinero (ya que estás allí …),sino por dos motivos: Uno: si vas por las traseras del Skywalk, actualmente rodeado de obras, llegas a lugares con la misma vista impresionante y con la misma sensación de vértigo o más bajo tus pies. Pero la razón más importante que nos echó para atrás en cuanto al Skywalk fue que nada más verlo nos pareció un HORROR. Un atentado al ecologismo, a la naturaleza y para colmo, al buen gusto. Adyacente a un edificio cuadrado de cemento que no se integra para nada en el paisaje, que no pega ni con cola en medio de semejante entorno tan grandioso. No hay como llegar a un lugar espléndido de la naturaleza y ver como el ser humano tiene que poner allí su “cagadita” de turno. Y el Skywalk es una de ellas. Valga como apunte que ninguno de los cuatro que estuvimos de acuerdo somos ecologistas acérrimos, sino simples personas con un poco de ética, sentido común y que no se venden por hacerse una foto que enseñar a los amigos. Por supuesto que hicimos fotos. Fotos maravillosas y NATURALES, que al fin y al cabo es lo que uno busca o debería buscar cuando visita estos lugares: NATURALEZA.
    También podríamos hablar de los indios Hualapai que trabajan en la reserva, bueno, ese sería tema para otro día, pero sólo os diré que si podeis hableis con ellos y les pregunteis por sus condiciones de vida y por lo “contentos” que están de trabajar en la reserva (trabajo que combinan con otros muchos) y no como la mayoría de sus familiares. También les podeis preguntar dónde viven, puede que la respuesta os sorprenda si vais con la idea de que viven allí mismo.
    En fin, tan sólo me gustaría pedir a algunos viajeros que vean las cosas con criterio propio y que no se dejen llevar por las apariencias y por lo espectacular de algunos montajes camuflados de “progreso”.
    Por cierto, también hice una foto del Skywalk para enseñar a mis amigos: una que me sirviera para mostrársela mientras les explico mi opinión al respecto y mientras seguro que alguno piensa: qué tonta, seguro que no quiso pagar los 30$.
    Pues muy bien.

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