Espalda plateada, ¿eres tú?

El Parque Nacional de los Volcanes, Ruanda
Articulo publicado en La Guia Magazine, edicion Septiembre 2009

Son las siete de la mañana y se respira la clase de aire que ha de henchir los pulmones antes de grandes acontecimientos. Antes de la boda de un mejor amigo, antes de ponerle los primeros zapatos a tu niño que ya sabe caminar, antes de firmar un tratado de paz, antes de escribir las últimas líneas de un primer libGorila5 smallro. Para muchos el ver a uno de los 700 gorilas de montaña en peligro de extinción es así, un hito borracho de anticipación y el único propósito de un viaje a los confines del mundo.

Los simios viven en ese territorio extraño que tantas guerras que no se cuentan ha visto: ese territorio donde se confunden las fronteras de Uganda, República Democrática de Congo y Ruanda. El Parque Nacional de los Volcanes (Ruanda), el de los Montes de Virunga (R.D. Congo) y el Parque Natural de Mgahinga (Uganda) se unen aquí, entre volcanes y espesura. Si en la década de los sesenta la población de gorilas rondaba los 5.000 ejemplares, hoy en día son una de las especies más amenazadas del planeta. Amén del tráfico de  cabezas y manos, contra el que luchó Dian Fossey hasta que fue misteriosamente asesinada en 1985, estos animales han sufrido muchísimas bajas en las múltiples incursiones de rebeldes en los dominios de la selva.

Cinco horas
Cinco horas es el tiempo que nos lleva la expedición de los gorilas. A los pies de cinco volcanes en el corazón de África se presenta Oliver, un ruandés con mirada de lince que será el guía de uno de los grupos de ocho personas que visitará a una familia de gorilas en mitad de la selva. Nos asignan un grupo de investigación que normalmente no está en contacto con humanos. Paisaje1 small¨Tiene un espalda plateada, dos machos, tres hembras y cuatro bebés¨, explica Oliver con tono pausado antes de partir. Tiene un diente de oro y ademanes de felino. Es tan capaz de sobrevivir a los caprichos de la selva como los guardianes del Parque de los Volcanes, que se encargan de seguir a los gorilas día y noche para organizar estas visitas y protegerlos de los ataques de cazadores furtivos.

Tras 45 minutos en todoterreno, llegamos a la loma del volcán Bisoke. El ascenso comienza en un pueblo poco acostumbrado a los turistas, donde algunos acarrean bidones de agua (una tarea lamentablemente muy común en Ruanda) y otros miran con descaro y con repulsión. Somos ocho blancos como tantos otros que han despojado a estos países de África central de sus bienes y su paz. A medida que ascendemos, dejamos atrás postales místicas e imágenes descorazonadoras: un niño y una vaca mirando al horizonte fuera de una choza de barro, un joven en traje al final de un sendero montañoso, niñas de la mano acarreando agua a la congolesa.

Los guardianes del parque avisan a Oliver a través de un walkie talkie de la localización de los gorilas, mientras los militares que nos acompañan con machetes y escopetas abren camino en la selva y se preparan para disparar al aire en el caso de que alguna amenaza animal aparezca. Ortigas, toneladas de bambú y monólogos de Oliver más tarde, llegamos al evasivo grupo de gorilas que se ha ido desplazando desde el alba en busca de comida. Se nos indica respetar la distancia de siete metros.

Gorila6 smallLos primates no en vano comparten más del 97% de nuestros genes; son terriblemente humanos. Los bebés juegan, el espalda plateada engulle tallos de bambú a una velocidad récord y las hembras o buscan sustento o toman el sol, sin perder de vista a los pequeños. Kwita Izina, la ceremonia anual para poner nombre a los nuevos bebés gorilas, tiene lugar cada mes de junio en Ruanda con un gran orgullo nacional. Los gorilas traen dinero. Aproximadamente 10.000 turistas se asoman a las vidas de los gorilas cada año por el nada módico precio de 500 dólares por cabeza. El turismo de primates es de las pocas fuentes de ingreso que los visitantes proporcionan al país tras la debacle humana de 1994, uno de los peores genocidios de la historia. Aunque Ruanda goza de paz hoy en día, la desconfianza aún prima en este pequeñísimo país al que le atribuyen mil colinas o más. El proceso de reconstrucción es según algunos extraordinariamente ágil, pero sea como sea es largo y doloroso. Ruanda es así hogar de grandes preguntas y grandes palabras: reconciliación, imposibilidad, humanidad.

Una tarea que Fossey comenzó
Buena parte de los ingresos de las entradas al Parque van destinados a la protección de la especie en peligro de extinción a la que la zoóloga Fossey dedicó su vida. Desde que llegó en 1967 hasta su muerte en el mismo Parque en 1985, dedicó su vida a los que más tarde se retratarían en Gorilas en la niebla y otras películas. Sus esfuerzos se reflejan hoy en el trabajo de Karisoke Research Center, entregado a la tarea de mantener a los últimos gorilas lejos de las amenazas humanas y los conflictos que caracterizan a este olvidado trozo de mundo.

~ by travelandramble on September 18, 2009.

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